Resulta curioso que pese al buen resultado inflacionario de los últimos meses exista inquietud acerca de su comportamiento en el futuro. La razón es que gran parte de la caída inflacionaria ha obedecido a factores ajenos al manejo de la política monetaria. Entre éstos se encuentra la caída relativa de los precios internacionales de las materias primas importadas, el sostenimiento de un patrón preestablecido de ajustes de los principales precios y tarifas públicas y la apreciación del tipo de cambio.
Es sabido que el costo de la gasolina en México obedece a un patrón de ajuste mensual congruente con una variación anual programada de 3.0%, con la excepción de las ciudades de la frontera norte, en las que los precios del combustible se fijan en relación con la ciudad de EU más cercana, pero con un tope equivalente al valor vigente en el resto del país.
Este mismo comportamiento se registra en alguna medida en los precios del gas y la electricidad. Una de las funciones de la Secretaría de Economía es la de regular el precio del gas de uso doméstico con el objetivo de moderara la volatilidad internacional de los precios de este combustible y así evitar efectos nocivos para la economía de las familias.
Da la impresión de que las autoridades del Banxico creen que se trata de un fenómeno coyuntural, aunque las últimas declaraciones del gobernador del Banco Central en torno al peligro inflacionario que representan los altos precios internacionales de los combustibles llevan a pensar que podrían estar cambiando de opinión.
